Yo para variar para hablar de algo que no conozco profundamente. La pesca. Que rico que es comer pescado fresco. O unos camarones....
La verdad es que tengo una relación de vieja data con la pesca. Desde hace mucho tiempo consumo pescado. Todos los viernes comíamos pescado en la casa para evitar la carne. Eso incluía pescado frito con salsa de cebolla o un pescado herbido con papas con mantequilla. Luego también hubo una relación más fuerte porque mi papa se dedicó a la pesca. En el sentido deportivo. Se iba al fin de semana con caña y traía algo de pescado. Alguna vez lo acompañé y la verdad me aburrí mucho. Habré lanzado la caña unas tres veces. Y por supuesto no pesqué nada. Otra relación con los pescadores fueron mis constantes vacaciones en Punta Blanca. Por ahí andaban los pescadores en sus pangas y sus redes. Era bonito acercarse a ver la pesca cuando salía del mar. Y bueno, yo tenía una pelea a muerte con los larveros. Los manes se pasaban todo el día con su red de un lado para el otro y jodían mi diversión con el Morey Boogie. Es decir, la relación ha sido largo.
Luego vienen los días de conservacionismo. Y claro, el tema es que los pescadores hacen uso de un recurso natural y a mi me da la sospecha de que no lo hacen de una manera sustentable. Es decir, exceden la capacidad del recurso de regenerarse. Además, sus actividades tienen impacto sobre la biodiversidad asociada a los peces. El suelo marino, el coral. También contribuyen a la contaminación pues faenan en la playa y dejan los restos expuestos al aire libre. En lugares donde se práctica más, incluso podemos hablar de contaminación por hidrocarburos.
Entonces, naturalmente a mi me interesa ver la manera de que las cosas se hagan mejor para que se pueda conservar la biodiversidad marina, otro de los patrimonios de la humanidad que el Ecuador es privilegio de tener.
Pero hay que partir de reconocer algunas cosas. La pesca no es una sola cosa. Existen diferentes tipos de pesca, diferentes artes de pesca, diferentes maneras de participar en la actividad. La pesca significa ingresos y empleo para mucha gente, en la pesca hay muchos intereses. La pesca es una actividad tradicional, ancestral. La pesca es una actividad de mucho sacrificio y de muchos riesgos. El frío del mar, las condiciones laborales precarias, la inseguridad.
Como siempre mi discurso es que se puede practicar la pesca pero bajo ciertas regulaciones que permitan que ésta sea sustentable. Eso implica determinar los tipos de pesca, los artes, dejar ciertas zonas para descanso y otras para conservación más estricta. Eso implica trabajar en la organización de los pescadores, en facilitarles alternativas de desarrollo. Eso implica mejorar sus condiciones de vida.
La sociedad necesita pescado. La sociedad necesita empleo e ingresos. Pero la sociedad también necesita su patrimonio natural. Por eso es importante caminar hacia el equilibrio, sorteando los interés particulares y trabajando por el bien comun
Ideas sueltas sobre temas ambientales, especialmente relacionados a la biodiversidad del Ecuador
viernes, 11 de septiembre de 2009
jueves, 3 de septiembre de 2009
Conservar antes que reforestar
Es sencillo. Es mucho más fácil y mucho más barato conservar que reforestar. No logro entender porque tantas instituciones cuando dicen que van a hacer algo a favor de la naturaleza piensan que lo mejor es sembrar unos arbolitos.
Permitanme discrepar. Aunque no sea muy sexy, aunque no sea digno de titular, aunque sea difícil de reflejar en una foto, es mucho mejor mantener un lugar en condiciones naturales (a base de un ordenamiento territorial y desarrollo social equitativo) que plantar árboles. La naturaleza es sabia, ella sabe como regenerarse si le damos tiempo y mantenemos ciertas condiciones.
Nadie dice que reforestar sea malo. A veces es necesario. Pero en un mundo de prioridades, cuando escasean los recursos, el costo-beneficio de conservar es mucho mayor que el de reforestar.
Porque la gente también hace la cosas a la ligera. Dicen, "sembramos tantas plantas". No toman en cuenta que lo que importa no es cuantas plantas se sembraron sino que porcentaje de prendimiento existe.
La regeneración toma años, la conservación se puede empezar a hacer mañana.
Es simple y creo que hacia allá tenemos que ir. El indicador debe ser, cuantas hectareas de ecosistemas naturales se estan conservando. Olvidémonos de cuantas hectáreas se han reforestado.
Permitanme discrepar. Aunque no sea muy sexy, aunque no sea digno de titular, aunque sea difícil de reflejar en una foto, es mucho mejor mantener un lugar en condiciones naturales (a base de un ordenamiento territorial y desarrollo social equitativo) que plantar árboles. La naturaleza es sabia, ella sabe como regenerarse si le damos tiempo y mantenemos ciertas condiciones.
Nadie dice que reforestar sea malo. A veces es necesario. Pero en un mundo de prioridades, cuando escasean los recursos, el costo-beneficio de conservar es mucho mayor que el de reforestar.
Porque la gente también hace la cosas a la ligera. Dicen, "sembramos tantas plantas". No toman en cuenta que lo que importa no es cuantas plantas se sembraron sino que porcentaje de prendimiento existe.
La regeneración toma años, la conservación se puede empezar a hacer mañana.
Es simple y creo que hacia allá tenemos que ir. El indicador debe ser, cuantas hectareas de ecosistemas naturales se estan conservando. Olvidémonos de cuantas hectáreas se han reforestado.
sábado, 15 de agosto de 2009
Bicentenario
200 años son una buena excusa para reflexionar. 200 años han pasado desde el 10 de agosto de 1809. Que mismo habrá pasado ese día. Pues tenemos pocas evidencias porque solo nos quedan unos documentos. Y los documentos los elaboraron seres humanos que tenían sus intereses y que interpretaron el asunto a su manera. Con vacíos de información que llenaron con imaginación o con comentarios de fuentes secundarias. Creo que vale la reflexión, de cuántas veces nosotros, de manera intencional llenamos un documento de una manera para cumplir la formalidad pero los acuerdos son diferentes. Por ejemplo, uno firma un contrato que dice una cosa, pero el trato con el empleador es hacer eso y alguna otra cosa que no está estipulada. No habla solo de corrupción sino de acuerdos verbales que mucha gente valora y respeta.
Mas aun, la pregunta profunda puede ser, que significa ese día hoy en día. El calendario está lleno de fechas, pero nosotros solo rescatamos algunas para recordar, por su supuesta importancia. El 10 de agosto definitivamente pasó algo, parece que importante, pero que significa hoy no solo está marcado por lo que sucedió ese día sino por lo que ha venido sucediendo todos estos días. Las posesiones de los presientes, los feriados, los asuetos, las sesiones del congreso. Todo eso va cargando de significado al día.
Pero yo, lo que quiero preguntarme es como era la diversidad biológica en ese entonces y como se manejaba. Y clara, la respuesta es un poco obvia. Había mucho más vegetación natural que ahora. Por ejemplo, toda la costa que ahora es agrícola era un gran bosque húmedo. La sierra tenía mucho más páramo y bosques andinos. Casi no había carreteras ni obras de infraesctructura. Las ciudades eran más pequeñas y tenían menos habitantes que no necesitaban tantos recursos. La fuentes de agua de Quito seguramente estaban en el Pichincha o en las mismas quebradas que ahora son basureros. Seguramente había contaminación, pero por efectos del tamaño de la población no eran tan graves. En la Amazonía las cosas deben haber sido parecidas a los lugares más lejanos actualmente. Profundamente aislados, sin mucho contacto.
Y como se manejaban los recursos? Supongo que las autoridades trataban de hacerlo pero en el contexto de que todo se consideraba inagotable. El agua sobraba, la madera sobraba, el espacio para cultivos sobraba. Más las limitaciones y manejo estaban dadas por controlar los beneficios de la producción. Aunque algunos recursos como las maderas de Guayaquil y la quinina de Loja, sufrieron efectos por su explotación.
Creo que estos son temas para la reflexión también. Las cosas estaban mejor o peor? Creo que la comparación no cabe. Eran tiempos diferentes y no podemos juzgarlos con los criterios de hoy. Había menos depredación, pero había menos gente y menos necesidades. Pero no conocíamos como conocemos ahora y no podíamos disfrutar como hacemos ahora de la diversidad del mar y de la sierra en el mismo día.
Es fundamental entender la dinámica social para entender su impacto en el ambiente y como ese impacto regresa y afecta la dinámica social. La historia es importante para poder diseñar nuestro futuro.
Mas aun, la pregunta profunda puede ser, que significa ese día hoy en día. El calendario está lleno de fechas, pero nosotros solo rescatamos algunas para recordar, por su supuesta importancia. El 10 de agosto definitivamente pasó algo, parece que importante, pero que significa hoy no solo está marcado por lo que sucedió ese día sino por lo que ha venido sucediendo todos estos días. Las posesiones de los presientes, los feriados, los asuetos, las sesiones del congreso. Todo eso va cargando de significado al día.
Pero yo, lo que quiero preguntarme es como era la diversidad biológica en ese entonces y como se manejaba. Y clara, la respuesta es un poco obvia. Había mucho más vegetación natural que ahora. Por ejemplo, toda la costa que ahora es agrícola era un gran bosque húmedo. La sierra tenía mucho más páramo y bosques andinos. Casi no había carreteras ni obras de infraesctructura. Las ciudades eran más pequeñas y tenían menos habitantes que no necesitaban tantos recursos. La fuentes de agua de Quito seguramente estaban en el Pichincha o en las mismas quebradas que ahora son basureros. Seguramente había contaminación, pero por efectos del tamaño de la población no eran tan graves. En la Amazonía las cosas deben haber sido parecidas a los lugares más lejanos actualmente. Profundamente aislados, sin mucho contacto.
Y como se manejaban los recursos? Supongo que las autoridades trataban de hacerlo pero en el contexto de que todo se consideraba inagotable. El agua sobraba, la madera sobraba, el espacio para cultivos sobraba. Más las limitaciones y manejo estaban dadas por controlar los beneficios de la producción. Aunque algunos recursos como las maderas de Guayaquil y la quinina de Loja, sufrieron efectos por su explotación.
Creo que estos son temas para la reflexión también. Las cosas estaban mejor o peor? Creo que la comparación no cabe. Eran tiempos diferentes y no podemos juzgarlos con los criterios de hoy. Había menos depredación, pero había menos gente y menos necesidades. Pero no conocíamos como conocemos ahora y no podíamos disfrutar como hacemos ahora de la diversidad del mar y de la sierra en el mismo día.
Es fundamental entender la dinámica social para entender su impacto en el ambiente y como ese impacto regresa y afecta la dinámica social. La historia es importante para poder diseñar nuestro futuro.
No a la guerra
Por ahí sale un tipo diciendo que soplan vientos de guerra en la región. Que nos están provocando....
Y yo digo, provaciones siempre habrá, lo importante es como nosotros procesemos dichas provocaciones. Uno puede hacerse el bravucón y responder o también puede tomar el partido por desentenderse y seguir en lo de uno. Eso no te quita dignidad ni sobería, es solo un estilo de manejar las cosas.
Soberanía como tal no existe. Las relaciones humanas son demasiado complicadas. Siempre están sujetas a algo o alguien. Aborrezco cualquier intento de justificar las acciones basadas en el patrioterismo. Me suena tan falso. Me suena a los tipicos sabidos que había en la escuela que pensaban que con su fuerza lo conseguían todo. Viendo las cosas a distancia puedo decir que hubo espacio para todos. Para los sabidos bravucones y para los que eramos más tranquilos.
La guerra es lo peor que puede existir por nos lleva a la pobreza, a la muerte y a la destrucción. Casi nada la justifica. Las razones siempre están arriba y no consideran a los de abajo. Nos toca pelear para que los de arriba no pierdan su dignidad. Y cuando digo pelear me refiero no solo a los que están en el frente sino a los que nos toca sostener a esas personas. Yo simplemente no lo entiendo y no lo comparto.
Si quieren matarse, matense ellos y no nos jodan. Lo que nosotros queremos es paz, tranquilidad, oportunidades, libertad.
Yo siempre me pregunto, como es que puede existir un país como Costa Rica que no tiene ejercito. Siempre habrá excusas para decir que aquí no es posible. Que la guerrilla, que el Perú, que esto, que lo otro....Pero Costa Rica no vive en el paraiso, vive a lado de Nicaragua, vive en centroamérica donde la guerra era algo fuerte. Pero no tienen ejército y eso se nota cuando uno lo visita. La gente es educada porque pueden gastar plata en lo que importa, en educar. No es perfecta, pero se respira otro aire.....
Que odien los generales, que me odien los patriotas, pero por que no pensar en un Ecuador sin ejercito.....Para eso si nos faltan agallas....
Y como este espacio es para la diversidad, solo quiero hablar un poco de las posibles consecuencias de la guerra para la biodiversidad del Ecuador. Primero quiero dejar sentado que no es impacto más importante. El impacto más importante es en la sociedad, en los seres humanos.
La guerra necesariamente significa destrucción de los ecosistemass, significa contaminación de los ríos, la tierra y el cielo. La guerra significa deterioro de las condiciones sanitarias. Es decir, hay una afectación directa sobre los ecosistemas y sobre las especies. Por otro lado, también hay afectaciones indirectas como por ejemplo que para financiar los costos de la guerra se necesitan recursos financieros que se obtienen con mayor rapidez de extraer recursos naturales, afectando otra vez a la biodiversidad. También al aumentar la pobreza, la gente dependerá más de los recursos del bosque.
La guerra afecta nuestro patrimonio natural y cultural. La guerra no sirve para nada. Por eso no a la guerra, venga de donde venga. No nos dejemos provocar. Seamos inteligentes y no viscerales que del patrioterismo no se puede vivir, peor vivir con dignidad....
Y yo digo, provaciones siempre habrá, lo importante es como nosotros procesemos dichas provocaciones. Uno puede hacerse el bravucón y responder o también puede tomar el partido por desentenderse y seguir en lo de uno. Eso no te quita dignidad ni sobería, es solo un estilo de manejar las cosas.
Soberanía como tal no existe. Las relaciones humanas son demasiado complicadas. Siempre están sujetas a algo o alguien. Aborrezco cualquier intento de justificar las acciones basadas en el patrioterismo. Me suena tan falso. Me suena a los tipicos sabidos que había en la escuela que pensaban que con su fuerza lo conseguían todo. Viendo las cosas a distancia puedo decir que hubo espacio para todos. Para los sabidos bravucones y para los que eramos más tranquilos.
La guerra es lo peor que puede existir por nos lleva a la pobreza, a la muerte y a la destrucción. Casi nada la justifica. Las razones siempre están arriba y no consideran a los de abajo. Nos toca pelear para que los de arriba no pierdan su dignidad. Y cuando digo pelear me refiero no solo a los que están en el frente sino a los que nos toca sostener a esas personas. Yo simplemente no lo entiendo y no lo comparto.
Si quieren matarse, matense ellos y no nos jodan. Lo que nosotros queremos es paz, tranquilidad, oportunidades, libertad.
Yo siempre me pregunto, como es que puede existir un país como Costa Rica que no tiene ejercito. Siempre habrá excusas para decir que aquí no es posible. Que la guerrilla, que el Perú, que esto, que lo otro....Pero Costa Rica no vive en el paraiso, vive a lado de Nicaragua, vive en centroamérica donde la guerra era algo fuerte. Pero no tienen ejército y eso se nota cuando uno lo visita. La gente es educada porque pueden gastar plata en lo que importa, en educar. No es perfecta, pero se respira otro aire.....
Que odien los generales, que me odien los patriotas, pero por que no pensar en un Ecuador sin ejercito.....Para eso si nos faltan agallas....
Y como este espacio es para la diversidad, solo quiero hablar un poco de las posibles consecuencias de la guerra para la biodiversidad del Ecuador. Primero quiero dejar sentado que no es impacto más importante. El impacto más importante es en la sociedad, en los seres humanos.
La guerra necesariamente significa destrucción de los ecosistemass, significa contaminación de los ríos, la tierra y el cielo. La guerra significa deterioro de las condiciones sanitarias. Es decir, hay una afectación directa sobre los ecosistemas y sobre las especies. Por otro lado, también hay afectaciones indirectas como por ejemplo que para financiar los costos de la guerra se necesitan recursos financieros que se obtienen con mayor rapidez de extraer recursos naturales, afectando otra vez a la biodiversidad. También al aumentar la pobreza, la gente dependerá más de los recursos del bosque.
La guerra afecta nuestro patrimonio natural y cultural. La guerra no sirve para nada. Por eso no a la guerra, venga de donde venga. No nos dejemos provocar. Seamos inteligentes y no viscerales que del patrioterismo no se puede vivir, peor vivir con dignidad....
domingo, 2 de agosto de 2009
Agricultura
Abrir la tierra para poner semillas es un acto casi sagrado. A mi me suena a algo místico. Hay muchos factores ambientales y humanos implicados. Por un lado hay que tener la tierra para poder colocar la semilla, hay que tener la semilla, hay que tener gente que ayude para el trabajo. Todo eso genera gasto. La tierra tiene que ser adecuada, necesitamos que la lluvia caiga en suficiente cantidad y en el tiempo adecuado. Necesitamos al sol. También necesitamos abono, técnicas para controlar las plagas. Necesitamos los instrumentos de siembra y de cosecha. Luego a vender. Ahí está el mercado con sus precios implacables, los intermediarios, los transportistas. La gente que quiere pagar lo mínimo por los productos. Y alrededor de eso muchas cosas, nuestros conocimientos ancestrales, los intereses económicos, los técnicos, las políticas de gobierno, el riego o la falta de riego. La pobreza, la gente mala, los peligros de enfretamientos por tierras, por robo.
La agricultura es un oficio noble. Mucha gente se dedica a esa labor, mucha gente vive de eso. Con todo lo que eso implica. Trabajo físico, incertidumbre, mercado implacable, discriminación. El Ecuador, a pesar de que muchos han hecho lo imposible por cambiarlo, sigue siendo un país agrícola. Un país que produce banano, arroz, maíz, papas, mellocos, papaya, mango, cebolla, naranjilla, ciruelas, tamarindo, pimiento, tomate. Tantas cosas. Este es un país diverso no solo en plantas y animales silvestres sino en productos agrícolas.
Por otro lado, cuando los conservacionistas hacemos nuestros ejercicios de planficiación y preguntamos cuales son las principales amenazas a la biodiversidad, lo primero que sale es el tema de la frontera agrícola. Los bosques se pierden a costa de la agriculura y de la ganadería. Los bosques que proveen de agua, los bosques que son el refugio de nuestro patrimonio naturales, los bosques que nos proveen de materias primas.
¿Es esto una contradicción insalvable? ¿Pueden coexistir los bosques y la agricultura?
Mi percepción es que si pueden pero se necesita ordenar el territorio y planificar las intervenciones de conservación y agricultura de manera simultanea. Es un tema pendiente de nuestros gobiernos, tanto centrales como locales. Ordenar el territorio y planificar. No es sencillo. Sería fácil si solo tuviera que ver con la aptitud del suelo. Eso se puede conocer relativamente fácil haciendo mapas con información física. El problema es cuando en estos ejercicios incorporamos variables como la tenencia de tierra, los conocimientos de la gente, las tradiciones de cultivo, la estructura de producción. Obviamente, también debemos considerar que detrás están intereses económicos y de poder que no salen a la luz pública, sino que se manejan en la sombra y a través de mecanismos difíciles de percibir y manejar.
Más allá de la planificación también es importante conocer que existen técnicas para cultivar de manera más amigable con el ambiente. Evitando monocultivos, haciendo producción orgánica, dándole valor agregados a los productos, usando herramientas de comercialización más justas.
Conservar no es sinónimo de detener el desarrollo, sino de entender las cosas de otra manera. De comprender que no podemos seguir con nuestros patrones actuales porque nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. Lo primero, es cambiar de actitud y discutir de manera transparente un nuevo modelo de desarrollo
La agricultura es un oficio noble. Mucha gente se dedica a esa labor, mucha gente vive de eso. Con todo lo que eso implica. Trabajo físico, incertidumbre, mercado implacable, discriminación. El Ecuador, a pesar de que muchos han hecho lo imposible por cambiarlo, sigue siendo un país agrícola. Un país que produce banano, arroz, maíz, papas, mellocos, papaya, mango, cebolla, naranjilla, ciruelas, tamarindo, pimiento, tomate. Tantas cosas. Este es un país diverso no solo en plantas y animales silvestres sino en productos agrícolas.
Por otro lado, cuando los conservacionistas hacemos nuestros ejercicios de planficiación y preguntamos cuales son las principales amenazas a la biodiversidad, lo primero que sale es el tema de la frontera agrícola. Los bosques se pierden a costa de la agriculura y de la ganadería. Los bosques que proveen de agua, los bosques que son el refugio de nuestro patrimonio naturales, los bosques que nos proveen de materias primas.
¿Es esto una contradicción insalvable? ¿Pueden coexistir los bosques y la agricultura?
Mi percepción es que si pueden pero se necesita ordenar el territorio y planificar las intervenciones de conservación y agricultura de manera simultanea. Es un tema pendiente de nuestros gobiernos, tanto centrales como locales. Ordenar el territorio y planificar. No es sencillo. Sería fácil si solo tuviera que ver con la aptitud del suelo. Eso se puede conocer relativamente fácil haciendo mapas con información física. El problema es cuando en estos ejercicios incorporamos variables como la tenencia de tierra, los conocimientos de la gente, las tradiciones de cultivo, la estructura de producción. Obviamente, también debemos considerar que detrás están intereses económicos y de poder que no salen a la luz pública, sino que se manejan en la sombra y a través de mecanismos difíciles de percibir y manejar.
Más allá de la planificación también es importante conocer que existen técnicas para cultivar de manera más amigable con el ambiente. Evitando monocultivos, haciendo producción orgánica, dándole valor agregados a los productos, usando herramientas de comercialización más justas.
Conservar no es sinónimo de detener el desarrollo, sino de entender las cosas de otra manera. De comprender que no podemos seguir con nuestros patrones actuales porque nos estamos haciendo daño a nosotros mismos. Lo primero, es cambiar de actitud y discutir de manera transparente un nuevo modelo de desarrollo
sábado, 18 de julio de 2009
30 años
Hace 30 años yo acababa de cumplir 5 años. No recuerdo como celebramos ese cumpleaños. Estoy seguro que fue en la casa de Urdesa Norte cuando todavía había el gran patio de tierra, lleno de árboles y aventuras. Hace 30 años, seguro no conocía la zona de Puerto López ni nada de Manabí. No era una referencia en mi vida.
Hace 30 años nos gobernaba una Junta Militar compuesta por tres militares, valga la redundancia. Estabamos cerca de la transición. Jaime Roldós estaba por asumir el mando presidencial. Volvíamos a la democracia luego de más de 8 años de dictadura militar. Vivíamos la bonanza del petróleo, que por supuesto no le llegó a todo el mundo.
Hace 30 años, Puerto López era una parroquia del cantón Jipijapa, los caminos eran de tierra y díficiles. Hace 30 años, nadie tomaba en cuenta unas ballenas que llegaban a las costas del Ecuador todos los años. Hace 30 años los bosques eran altos y estaban llenos de especies maderables y de animales en no peligro de extinción.
Hace 30 años, casi no había áreas protegidas en Ecuador. Apenas unas cuantas, menos de 10. El mundo casi no hablaba de conservar la naturaleza. El Ecuador tampoco.
Hace 30 años, muchos de los conservacionistas de hoy eran jovenes llenos de ilusiones y sueños.
Hace 30 años, ninguna carrera en las universidades se relacionaba mucho al manejo de los recursos naturales.
Hace 30 años, había pobreza en el Ecuador. No se si más o menos. Yo diría que diferente. La gente vivía mucho más en el campo. Usaba los recursos, sacaba madera, pescaba todo lo que quería. Eramos muchos menos habitantes y el consumo era mucho menor.
Hace 30 años los bosques secos ya había sido bastante afectados pero todavía había remanentes importantes.
Todo era tan diferente hace 30 años. Otras circunstacias. Han pasado 6 lustros, 5 décadas, más de 10 presidentes, algunos alcaldes.
Hace 30 años, en Manabí, se creó el Parque Nacional Machalilla. Un lugar excepcional para la diversidad biológica del Ecuador, tanto terrestre como marina. Un lugar excepcional para la historia del Ecuador, tanto pasada como presente. Un lugar que sin embargo, genera emociones encontradas. Todavía es posible disfrutar y beneficiarse de su belleza, pero ya los ecosistemas están deteriorados. Ya no es lo mismo de antes. La típica pregunta, es, como está Machalilla 30 años después. La reacción de mucha gente es que está peor, que se ha invertido mucha plata y nada ha pasado.
Discrepo. Yo creo que esa es una mirada poco objetiva. Yo los desafío a pensar que hubiera pasado si Machalilla no hubiera sido creado. Quedaría mucho menos. Gran parte del desarrollo de la zona, no se hubiera dado porque el turismo no tendría el mismo impulso.
Estoy de acuerdo en que las cosas no se han manejado del todo bien. Que la inversión no ha sido tan eficiente, que todavía hay demasiado por mejorar. Pero, sin justificar, hay que decir que la estructura del estado no se presta para desarrollar los temas de conservación. La inestabilidad de financiamiento y de organización no permiten procesos de largo plazo. Además, todavía prima en el Ministerio del Ambiente un cierto dejo de aquella filosofía de conservación sin gente. El discurso ha cambiado, pero la práctica no mucho.
Creo que lo importante es que más allá de las fiestas y celebraciones, nos sentemos a reflexionar que ha pasado, que está pasando y como podemos trabajar en el futuro.
Han sido 30 años, hay mucho que contar. Pero eso es una ficción, porque en realidad son solo 30 años de este modelo de conservación porque la zona lleva más de 8.000. Este es un buen momento para tomar pasado y futuro y construir el presente del Parque Nacional Machalilla.
Hace 30 años nos gobernaba una Junta Militar compuesta por tres militares, valga la redundancia. Estabamos cerca de la transición. Jaime Roldós estaba por asumir el mando presidencial. Volvíamos a la democracia luego de más de 8 años de dictadura militar. Vivíamos la bonanza del petróleo, que por supuesto no le llegó a todo el mundo.
Hace 30 años, Puerto López era una parroquia del cantón Jipijapa, los caminos eran de tierra y díficiles. Hace 30 años, nadie tomaba en cuenta unas ballenas que llegaban a las costas del Ecuador todos los años. Hace 30 años los bosques eran altos y estaban llenos de especies maderables y de animales en no peligro de extinción.
Hace 30 años, casi no había áreas protegidas en Ecuador. Apenas unas cuantas, menos de 10. El mundo casi no hablaba de conservar la naturaleza. El Ecuador tampoco.
Hace 30 años, muchos de los conservacionistas de hoy eran jovenes llenos de ilusiones y sueños.
Hace 30 años, ninguna carrera en las universidades se relacionaba mucho al manejo de los recursos naturales.
Hace 30 años, había pobreza en el Ecuador. No se si más o menos. Yo diría que diferente. La gente vivía mucho más en el campo. Usaba los recursos, sacaba madera, pescaba todo lo que quería. Eramos muchos menos habitantes y el consumo era mucho menor.
Hace 30 años los bosques secos ya había sido bastante afectados pero todavía había remanentes importantes.
Todo era tan diferente hace 30 años. Otras circunstacias. Han pasado 6 lustros, 5 décadas, más de 10 presidentes, algunos alcaldes.
Hace 30 años, en Manabí, se creó el Parque Nacional Machalilla. Un lugar excepcional para la diversidad biológica del Ecuador, tanto terrestre como marina. Un lugar excepcional para la historia del Ecuador, tanto pasada como presente. Un lugar que sin embargo, genera emociones encontradas. Todavía es posible disfrutar y beneficiarse de su belleza, pero ya los ecosistemas están deteriorados. Ya no es lo mismo de antes. La típica pregunta, es, como está Machalilla 30 años después. La reacción de mucha gente es que está peor, que se ha invertido mucha plata y nada ha pasado.
Discrepo. Yo creo que esa es una mirada poco objetiva. Yo los desafío a pensar que hubiera pasado si Machalilla no hubiera sido creado. Quedaría mucho menos. Gran parte del desarrollo de la zona, no se hubiera dado porque el turismo no tendría el mismo impulso.
Estoy de acuerdo en que las cosas no se han manejado del todo bien. Que la inversión no ha sido tan eficiente, que todavía hay demasiado por mejorar. Pero, sin justificar, hay que decir que la estructura del estado no se presta para desarrollar los temas de conservación. La inestabilidad de financiamiento y de organización no permiten procesos de largo plazo. Además, todavía prima en el Ministerio del Ambiente un cierto dejo de aquella filosofía de conservación sin gente. El discurso ha cambiado, pero la práctica no mucho.
Creo que lo importante es que más allá de las fiestas y celebraciones, nos sentemos a reflexionar que ha pasado, que está pasando y como podemos trabajar en el futuro.
Han sido 30 años, hay mucho que contar. Pero eso es una ficción, porque en realidad son solo 30 años de este modelo de conservación porque la zona lleva más de 8.000. Este es un buen momento para tomar pasado y futuro y construir el presente del Parque Nacional Machalilla.
domingo, 12 de julio de 2009
Biodiversidad Guayaquil
Generalmente cuando uno piensa en biodiversidad piensa en alguna gran extensión de bosque o mar natural que puede ser capaz de sostener toda la variedad de flora y fauna que eso implica. Uno se imagina el lodo de un sendero o la arena de una playa solitaria. Pero casi nunca uno piensa en las ciudades.
Las ciudades suelen ser la antítesis de nuestro imaginario de naturaleza. Mucho cemento, muchos vehículos, mucha gente. Y las ciudades grandes peor, más cemento, mas vehículos, más gente. Por ejemplo, Guayaquil. Una ciudad grande en Ecuador con cerca de tres millones de habitantes, con pocas áreas verdes, ¿qué biodiversidad puede haber en esta ciudad? Pues la verdad que no poca.
Guayaquil se ha extendido en un sitio donde antes había bosque seco, manglares y estuarios. Y de eso, algo queda. Todavía existen relictos como Cerro Colorado o el Paraíso, el estero salado en la Kennedy o Puerto Azul. Y en esos lugares tenemos grandes variedades de plantas y animales. Aves, mamíferos, reptiles. Incluso especies tan amenazadas o quizás biológicamente extintas como el cocodrilo de la costa.
Pero incluso, si cerramos el círculo y nos quedamos solo con los parques y parterres y sus bordes, Guayaquil tiene una diversidad espléndida, digna de admiración. Basta con pasear por el malecón. Ahi se pueden encontrar muchas aves. O ir al Parque Lineal en la Carlos Julio Arosemena donde abundan las iguanas. O en el estero Salado en Urdesa donde duermen las garzas. O en los cables de electricidad de ciertas calles donde reposan las palomas.
Obviamente, la diversidad no es la de antes, pero es respetable. Lo importante es empezar a conocerla, valorarla y cuidarla. Si así nomás sin mucho cuidado, todavía tenemos una diversidad importante, que sería si hiciéramos algo para conservarla. Creo que es uan resposabilidad de las autoridades y de los habitantes de esta ciudad.
Las ciudades suelen ser la antítesis de nuestro imaginario de naturaleza. Mucho cemento, muchos vehículos, mucha gente. Y las ciudades grandes peor, más cemento, mas vehículos, más gente. Por ejemplo, Guayaquil. Una ciudad grande en Ecuador con cerca de tres millones de habitantes, con pocas áreas verdes, ¿qué biodiversidad puede haber en esta ciudad? Pues la verdad que no poca.
Guayaquil se ha extendido en un sitio donde antes había bosque seco, manglares y estuarios. Y de eso, algo queda. Todavía existen relictos como Cerro Colorado o el Paraíso, el estero salado en la Kennedy o Puerto Azul. Y en esos lugares tenemos grandes variedades de plantas y animales. Aves, mamíferos, reptiles. Incluso especies tan amenazadas o quizás biológicamente extintas como el cocodrilo de la costa.
Pero incluso, si cerramos el círculo y nos quedamos solo con los parques y parterres y sus bordes, Guayaquil tiene una diversidad espléndida, digna de admiración. Basta con pasear por el malecón. Ahi se pueden encontrar muchas aves. O ir al Parque Lineal en la Carlos Julio Arosemena donde abundan las iguanas. O en el estero Salado en Urdesa donde duermen las garzas. O en los cables de electricidad de ciertas calles donde reposan las palomas.
Obviamente, la diversidad no es la de antes, pero es respetable. Lo importante es empezar a conocerla, valorarla y cuidarla. Si así nomás sin mucho cuidado, todavía tenemos una diversidad importante, que sería si hiciéramos algo para conservarla. Creo que es uan resposabilidad de las autoridades y de los habitantes de esta ciudad.
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